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Reuters
Mujer iraquiana durante el funeral del corresponsal Suhaib Adnan, de la cadena televisiva Al-Baghdadiya, muerto en un atentado en Bagdad.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
La historia Marti Ribeiro figura quizás entre las más impactantes que le han tocado investigar, asegura Helen Benedict, multipremiada periodista, narradora y autora de The Lonely Soldier: Women at War in Iraq. El libro, uno de los testimonios más desgarradores sobre las violaciones a los derechos de la mujer durante la guerra de Irak aparecerá en las librerías de Nueva York a fines de marzo. Pero una obra de teatro basada en el trabajo de investigación -que le demandó a Benedict más dos años y cientos de horas de entrevistas- se exhibe a sala llena desde el jueves pasado en el Theater for the New City.
La historia de Ribeiro, una sargento de la Fuerza Aérea estadounidense acosada, violada y silenciada por sus propios compañeros y oficiales en Irak, es apenas una entre las voces femeninas del tremendo drama en que se ha convertido Irak, un drama plagado de sexismo, racismo e intolerancia.
"Terminé peleando mi propia guerra contra un enemigo vestido en el mismo uniforme que el mío", recuerda la sargento durante una de las entrevistas que Benedict minuciosamente convirtió en alegato.
"Si denunciaba la violación, sus superiores la amenazaban con llevarla a una Corte Marcial", confirma la autora desde sus oficinas en el Upper West Side. "Pero esto desafortunadamente ocurre muchísimo en el ejército. Aunque por los matices, éste es sin dudas uno de los casos más horrendos".
Benedict comenzó a interesarse por el tema de las mujeres en Irak casi de casualidad. "En la época en la que los primeros combatientes venían de regreso y comenzaban a hablar de los problemas de abastecimiento se me ocurrió ir a una reunión de veteranos", recuerda.
En plena reunión, al fondo de la sala, una muchacha de pie al fondo de la sala le llamó la atención. "Era muy jovencita y le pregunté si también era veterana. Ella me dijo que sí, pero que nadie le creía porque era mujer".
Mickiela Montoya, la joven veterana, mexicana del este de Los Angeles, se convirtió pronto en una cantera de historias, muchas sin duda desgarradoras. "Le pregunté qué significaba para ella ser mujer en la guerra", recuerda Benedict. "Y ella me respondió que hay sólo tres cosas que una mujer puede ser en el ejército: una perra, una prostituta o una lesbiana. Y con eso bastó para que me diese cuenta de que algo estaba pasando ahí. La vi tan aislada, tan sola, que en ese momento sentí que estábamos mandando chicos a combatir a un lugar terrible con el agravante de que ni siquiera podían confiar en sus propios camaradas de batalla... creo que darme cuenta de eso fue tan fuerte que me decidí a tratar el tema".
Ahora el gobierno dice que va a traer de vuelta a los soldados que envió a Irak pero poca gente parece estar preparada para el regreso. Sobre todo si uno recuerda lo que ocurrió con los veteranos de Vietnam. ¿Cree que el libro puede ser una voz de alerta para prevenir un desastre humanitario como el de mediados de los 70s?
Espero que sí. La magnitud de este regreso quizás sea menor que luego de Vietnam porque hubo muchos menos americanos peleando en esta guerra. Sin embargo, este año casi 30.000 mujeres volverán del frente. Y personalmente yo no creo que estemos preparados. Hay realmente pocos civiles que entienden lo que estas mujeres han sufrido durante la guerra. Y creo que de algún modo todos los que vivimos aquí deberíamos estar alertas para recibir de vuelta a esta gente sabiendo qué es lo que tenemos que decir y cómo tenemos que darles el apoyo que merecen. Saber escuchar sin juzgar, saber dejarlos hablar sin juzgarlos, sin sentirse deprimidos. Espero que mi libro y la obra de teatro ayuden a crear un ambiente más abierto.
¿Fue ese el objetivo del libro?
Creo que la idea que tuve desde el principio fue la de que esta guerra, esta guerra espúrea que lanzamos sobre Irak y que obviamente victimizó a cientos de miles de iraquíes, también convirtió en víctimas a nuestros propios jóvenes. Se los engañó para enlistarlos diciéndoles que iban a hacer trabajo humanitario. Se les mintió y de algún modo así terminamos matando el idealismo de toda una generación. Los traumatizamos, los maltratamos y creo que de hecho traicionamos a todos los jóvenes que se enlistaron en esta guerra. Claro, les debemos una gran disculpa, pero además, al final del libro hago una larga serie de sugerencias de cómo tratar sobre todo a las mujeres que participaran de esta guerra y que ya empiezan a regresar.
¿Puede compartir algunas de esas sugerencias?
Bueno para quienes tienen conocidos o familiares que estuvieron en la guerra creo que es importante que entiendan que deben mostrarse dispuestos escuchar, a escucharlos cuando ellos estén listos para hablar. Es importante que no sean prejuiciosos a pesar de que sin dudas muchos estamos definitivamente en contra de la guerra. El trauma y el lavado de cerebro por el que estos chicos han pasado no les permite hoy ver las cosas que han ocurrido con la suficiente distancia. Pero, así y todo, es importante estar listos para simplemente escucharlos pues aunque no nos vaya a gustar lo tienen que decir, es necesario que les hagamos sentir que no tienen que tener miedo de expresar lo que sienten.
A nivel más oficial, creo que las organizaciones de veteranos tienen que tenderles una mano a estos nuevos veteranos y veteranas. Y aunque el país está quebrado, desde ya que son necesarias más clínicas y más hospitales, más profesionales que puedan tratar veteranos de guerra con conocimiento de causa. El sistema necesita más dinero y recursos para tratar estos traumas que son particulares, en especial los de las mujeres que han estado en combate en esta situación tan especial.
¿Cuántas mujeres entraron en combate en Irak? ¿Los números son equivalentes a los de Vietnam?
No, son completamente diferentes. En Vietnam las mujeres no podían portar armas. La mayor parte de las mujeres que fue a Vietnam fue como parte del cuerpo de enfermeras o como auxiliar. En esos días las mujeres no combatían. Hubo mujeres heridas y muertas, sí, pero ahora pueden portar armas y entrar en combate. La historia es diferente y ha habido grandes cambios desde Vietnam, y luego en Panamá, Nicaragua y Bosnia. Claro que lo cierto es Irak tiene el record de mujeres en combate. Es el record histórico.
¿Cuál es el porcentaje de latinas y mujeres pertenecientes a minorías étnicas o raciales en el ejército?
Bueno, casi la tercera parte de las mujeres en el ejército es hispana o negras. Y en relación con el porcentaje de estas minorías en toda la población, en el ejército están sobrerepresentadas.
En la obra de teatro, Mickiela Montoya y Carlye Garcia, dos de las soldados, son latinas. ¿Por qué cree que hay tantas latinas en el ejército?
Muchas de ellas no tienen demasiados recursos o demasiadas posibilidades. Además, el plan de reclutamiento del ejército apunta a barrios carenciados de un modo completamente intencional. Mickiela dice en la obra que los agentes de reclutamiento están por todos lados. En las escuelas, por ejemplo, muchos de estos agentes seducen a los chicos para que se enlisten. Les prometen dinero para sus familias y para pagar su educación universitaria. Y tras el 11 de septiembre, el ejército comenzó a prometer además que les otorgaría la ciudadanía a todos los no ciudadanos que se enlistaran. Claro, ésta fue una manera de atraer más gente, en especial mujeres latinas.
¿Hay estadísticas que prueben si esa promesa se cumplió o no?
La realidad es que muchos de los latinos que se enlistaron por este motivo han encontrado una serie tremenda de problemas para obtener la ciudadanía. Muchas veces pasan años antes de que logren obtenerla. A veces el trámite es más rápido, pero la burocracia es terrible. Un hombre nicaragüense -me pidió que no revelara su nombre- se enlistó para hacerse ciudadano. Volvió de combatir en Afganistán y le pidieron que jurase nuevamente sobre la Constitución. Y el hombre estaba indignado porque lo primero que hizo como soldado fue jurar por la Constitución. Se sintió insultado. Con él, la burocracia fue tan impiadosa que a días de que lo vuelvan a enviar a Afganistán todavía no tiene su ciudadanía. Yo creo que la gran mentira en todo esto es que al enlistarse les han hecho creer que el proceso de naturalización sería fácil y automático, pero no fue así. Y muchos al final desisten, mientras que otros simplemente mueren en Irak. De eso también hablo en mi libro.
¿Cree que la obra de teatro y el libro periodístico son un disuasivo para aquellos que todavía piensan en enlistarse?
Creo que sí. Especialmente para las mujeres. Me sorprendo muchas veces de la poca idea que tienen muchas de estas mujeres de lo que se están jugando cuando se deciden a enrolarse. Todavía a nivel público no se conoce demasiado acerca del acoso y las violaciones. Y aunque según el ejército todos son iguales, todos son soldados, la realidad es que además hay muchísima discriminación. La gente cree en esta historia oficial y quienes se enlistan asumen que trabajando duro van a ganar el respeto de sus colegas, pero no es así.
¿Cree que el libro y la obra de teatro cambiarán al ejército desde adentro o generarán conciencia para que se cambien algunas cosas desde afuera?
Es una pregunta difícil de responder. La economía está en picada y el número de mujeres que se enlistan se disparó por las nubes. Sólo en la Guardia Nacional 29% de los nuevos reclutas son mujeres. Ahora, si esto va a tener un efecto en el ejército no lo sé. Creo que quizás sí. El ejército está haciendo una campaña en contra de los ataques sexuales y la discriminación. Sé que se están encarando una serie de proyectos para que esto suceda lo menos posible. Sin embargo los resultados todavía están en el aire. Y algo a tomar en cuenta es que para escalar posiciones en el ejército las mujeres tienen que convertirse en "un hombre más". Por eso, muchas veces el resultado final es que las mismas mujeres que llegan a posiciones de poder en las Fuerzas Armadas son a veces más sexistas y discriminadoras que sus propios colegas varones.
Terra Magazine